Por Daygorod Fabián Sánchez, Educador y Analista Político

Atacar siempre es mejor que defenderse. Colocar a los adversarios sobre las cuerdas siempre es una buena opción.

Pero la pregunta es ¿Cómo hacerlo?

Mucho se ha debatido sobre esto y son múltiples las respuestas.

De hecho en muchas guerras se ha atacado de forma sorpresiva. Así mismo es en la política, pero el asunto es que para que haya una sorpresa tiene que existir un momento preciso.

El momento preciso no aparece por arte de magia, se debe crear con una o varias estratagemas.

Lo que es familiar, lo que ya la gente o el adversario político están acostumbrados a ver lo hace vulnerable, pues baja la guardia ante situaciones cotidianas en sus ojos.

Por eso los grandes secretos militares y políticos se guardan a la vista de todos, tan descaradamente evidente, que se enmascaran.

El adversario político espera que los secretos estén escondidos, pero si son evidentes los ignora por descuido.

La forma más sutil de atacar es en medio de una situación tan familiar para el adversario que este no espere un ataque, desde algo tan cotidiano.

Hitler usó una estrategia interesante en la invasión de Francia durante la Segunda Guerra mundial. Él mismo filtró la información de una invasión inaplazable ¡VEINTINUEVE VECES!, hasta que los servicios de inteligencia británico y francés dejaron de tomar en serio la información. Francia quedó desprotegida ante la guerra relámpago que sobrevino. (Las 36 Estrategias Chinas).

Por El Municipalista

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