Por Juan Carlos Espinal. Politólogo
Por Juan Carlos Espinal.
En la década de 1970, los estudiosos de las ciencias sociales y políticas dedicaron mucho tiempo y espacio a la lectura analítica del histórico debate filosófico entre el sacerdote Lautico García SJS y el profesor Juan Bosch. La mayoría de dominicanos pareció coincidir en que el sacerdote Lautico García jugaba un papel obstruccionista representando el lado más conservador.
Bosch, proponente del punto de vista progresista, en el debate representó impresionantes defensas y argumentaciones socio políticas sobre la tesis del líder revolucionario Vladímir Lenin que sugiere que el líder que sabe mantenerse en el poder, sabe gobernar. La lógica del pensamiento político conservador de la época sugería que si Bosch apoyaba la tesis de Lenin entonces el profesor debía ser Marxista – Leninista.
En su contexto, ambas argumentaciones eran incorrectas. Lo que ocurre es que en el Caribe el chisme y la mentira son más variados que en América del Sur, por ejemplo. En las familias de la oligarquía Dominicana, el proceso de jerarquización social desempeña algunas funciones burocráticas. Cuando los problemas familiares implican el desplazamiento de uno por el otro la sucesión se pone al lado de la herencia.
No es lo mismo en los hogares dominicanos de las familias trabajadoras o de clases medias. Eugenio María de Hostos ha demostrado que la frecuencia de los golpes de estados y las conspiraciones reeleccionistas de Lilis tienen relación con las dimensiones de la burguesía.
En las sociedades pos coloniales en las cuales la clase media era mayor y representaba el voto indeciso, tanto de la zona rural como urbana, los grupos dominantes se encontraban en el ejército, en los partidos políticos cuando no en el comercio o en todo caso en la burocracia del aparato estatal. Muchas veces incluso en los templos de las Iglesias.
A medida que la sociedad Dominicana fue cambiando también cambiaron los militares. Cuando más atrasada es una sociedad paradójicamente más progresista resulta ser el papel de la Iglesia y más conservador y reaccionario se vuelve el papel del Ejército.
En la medida en que se politizan las instituciones militares estos intervienen en la política alejándolos del orden jerárquico existente. Los militares balagueristas 1966-1978 se convirtieron en guardianes del orden de clase media vigente. En cierto sentido, entre 1966-1986, la participación de los militares en política abrió las puertas a la clase media en los partidos para cerrarla a la baja.
Las intervenciones militares en política reflejan el modo creciente de la baja y pequeña burguesía en su papel más activo después de 1930-1961. El papel cada vez más protagónico de los militares en el estado presidencialista refleja la incorporación de las clases bajas urbanas a la economía política.
En el tránsito de un sistema de gobierno tradicional como lo fue el periodo gubernamental PLD 2008-2020 a uno en el cual el poder Ejecutivo PRM ocupa la clase dominante es casi axiomático que se de paso a la incorporación de los militares a los partidos.
El enorme enriquecimiento de los militares trujillistas llevó a los partidos de pos guerra 1962-2000 a impedir que los militares neo trujillistas llegaran al poder mediante alguna junta militar de mentalidad reformista y luego a un régimen civil con la misma orientación.
La experiencia de Balaguer es que una vez que los militares se sienten en el poder los gobiernos tienden a dividirse. Las camarillas del círculo presidencial comienzan a fragmentarse entre los adeptos a los empresarios civiles y las camarillas político militares. Es habitual que en los cambios de gobierno los más radicales estén dispuestos a conciliar con los moderados para establecer la distribución política.
En cuanto las antiguas camarillas presidenciales del Danilismo fueron sustituidas por otras camarillas militares y los primeros quedan eliminados por los segundos llegó la ingobernabilidad política. El desplazamiento político de las camarillas presidenciales del periodo 2008-2020 contempla la consolidación del nuevo gobierno de Luis Abinader.
En COVID-19, la militarización refleja la influencia política de las fuerzas Armadas. Pero a la postre refleja el fracaso de la democracia representativa del mismo modo y por las mismas razones que Balaguer se vio forzado a ordenar el arresto de Salvador J. Blanco. El coronel Cuervo Gómez, por ejemplo, sigue el camino a muchos otros. Los militares danilistas son vetados por el generalato peremeista sus ex camaradas de armas, que por ahora se mantienen consolidando sus futuras camarillas.
En todos los arrestos realizados por la Procuraduría general de la República contra las antiguas camarillas presidenciales los interrogatorios admiten y aceptan alguna orden superior o por lo menos presentan algunas de las condiciones específicas de que la represalia no es contra los militares sino contra quienes en el ejercicio de sus funciones se lucraron del poder.
En política, las recompensas inmediatas las reciben quienes actúan agresivamente en su interés personal y no quienes tratan de sumar una cantidad de intereses.
Danilo Medina no lo entendió.

Por El Municipalista

Para información y Denuncias 829-268-1994 Whassapp