Algo que diferencia al PLD del PRM es que el PLD es una maquinaria organizada de fabricar y buscar votos, que no canta victoria hasta tener los votos contados y el acta en mano.
Esos votos que busca el PLD son fruto de la simpatía, simpatía comprada, el clientelismo y la conveniencia personal ¡Amen! Pero son votos al fin y al cabo.
Mientras que el PRM es el sentimiento opositor que aglutinó históricamente al PRD; de ahí que éste partido tenga tan buena plataforma electoral, pero tan mal canalizada a la hora de llevar ese sentimiento a las urnas.
Cuando se actúa con sentimiento partidario, con pasión triunfalista y hambre de acceder a la nómina pública se dejan de percibir muchas cosas, que en los días finales juegan su papel. Ejemplo de ello es que el PLD, trabaja como si estuviera en último lugar, asumiendo que mientras más votos aparezcan mejor.
El PRM se olvida que las encuestas te posicionan, pero debes llevar ese posicionamiento a las urnas. Cuando se está puntero en las mediciones el trabajo debe ser más arduo y no emitir frases como las que usa el PRM hoy en día “estamos ganados, nadie los quita el poder, van pa fuera”.
Cuando se asume que se gana de todas formas surge el peor de los errores: desde que en una medición creíble el candidato sale empate o por debajo del gobierno, las bases políticas se llenan de desánimo y no acuden ni a votar ni a trabajar.
El triunfalismo político es todo lo opuesto al pensamiento político. El pensador o pensadores que tiene cada partido, asumen que todos hacen falta, que mientras más gente se una a la causa mucho mejor, pero el triunfalista piensa que con lo que tiene es suficiente y que si alguien se va no hace falta.
Cuando el día D no aparecen los votos, el triunfalismo le echa la culpa a todo menos a sí mismo.
Daygorod Fabián Sánchez, Educador y Analista Político
