Cuando dormir hasta las 8 es suficiente

Por Rafael Grullón
Cuando llegaron a los barrios las neveras a finales de los años 60 y principios de los 70, principalmente las Nedoca que Distribuidora Corripio popularizó, el aparato se convirtió en los sectores populares en un instrumento de producción, del “picoteo”.

Los esquimalitos y los helados en compota fueron los productos que las señoras de los barrios comenzaron a vender con la adquisición de la nevera. Cuando eso sucedió ya los televisores estaban jugando su papel, con los televisores Toshiba, un aparato de cuatro patas, que se convirtieron en cines barriales donde los muchachos pagaban dos centavos para ver las películas como Tarzán, Bonanza, Batman, Wyatt Earp y los Picapiedra.

Tener un televisor y una nevera en la casa era también la imagen de la prosperidad, por lo que ambos electrodomésticos, aunque era una época de prolongados apagones, no se encontraban en lugar donde están hoy en los hogares, sino en plena sala a la vista de todo el transeúnte, ya a que las puertas de las viviendas permanecían abiertas «De Par en Par».

Hoy las neveras se encuentran en las cocinas sin memoria de los esquimalitos ni los helados en compota, mientras los televisores, aunque algunos que son cine de verdad y representan todavía el lujo permanecen en las salas, las pantallas planas normales se encuentran en los aposentos.

Los sábados, bautizados como el Séptimo Día por los adventistas, realmente se descansa, pero dormir hasta las ocho y encender la televisión en la cama tras un viaje transitorio en la cocina para colar un café, ahora en greca antes en colador, es un hábito de los seguidores de Energía TV todos los sábados.