Debut y despedida

Analizar la victoria es más provechoso que desmenuzar la derrota. Cada proceso trae sus circunstancias y conjuntamente sus líderes de momento.
A veces se resulta ganador en un proceso gracias a una metodología en específico de elección, por ejemplo el método D’Hondt, el sistema Saint-Laguë o el mecanismo Hagenbach-Bischoff.
En todos estos casos tendremos parlamentarios que resultarán electos sin ser los más votados.
Al suceder esto, dichos parlamentarios si fuesen inteligentes analizaran cómo ganaron para poder crear una base sólida de respaldo.
En el caso de Montecristi ha sido todo lo contrario. Quien resultó favorecido con una metodología de elección, siendo menos votado fue Rosendy Polanco, actual Diputado del PRM y Presidente Provincial de ese partido.
Gana gracias a que Johanny Martínez obtuvo 5,073 votos, los cuales se le sumaron a éste.
Su archirrival, el viejo zorro de la política, Bernardo Alemán sacó más votos que él, de hecho, obtuvo cerca de 3 mil votos más.
Pero fue gracias a ese método, el cual considero correcto para así construir mayorías parlamentarias, que Polanco logra ganar, no porque tenga base de respaldo popular.
Éste ultimo piensa que tiene un liderazgo, cuando no es así. De hecho, no ha captado la noción que tienen los demás sobre él: incumplidor, mentiroso, mitómano, altanero, alejado de las bases.
A todo ésto se le suma una dual fatal que lo levará a la derrota: es Diputado del PRM y Presidente Provincial de ese partido, sin dudas tiene poder, pero ¿Todo el que no sea designado en un puesto público a quién le echará la culpa?
A partir de esa premisa tiene sobre sus hombros la malquerencia de todo el que sea dejado fuera del tren gubernamental.
O ¿no es así?
