El cerebro no busca la verdad
Por Rafael Grullón
Cuando un fotógrafo iba a tirarle una foto a Juan Bosch, el maestro lo apuntaba y le decía «agáchate». Tenía por entendido que la proyección y la percepción de la imagen de arriba hacia abajo era diferente de abajo hacia arriba. La fotografía de arriba hacia abajo empequeñece a la persona, mientras la de abajo hacia arriba la engrandece.
Eso mismo pasa con el lente de la cámara de televisión, lo que explica que Euclides Gutiérrez Félix durante se campaña interna en el PLD saliera como un gigante en la televisión, ya que el camarógrafo era “El Maestrico”, dado su tamaño siempre enfocaba de abajo hacia arriba. Solo los artistas perciben en la realidad las cosas que no se ven.
Si usted le pone color a un número, un sinestésico que se encuentra en el momento puede desmentir, ya que ellos, los sinestésicos, ven los números y sus verdaderos colores. Todos tenemos en distintos lugares del hogar espejos, pero situados en el catálogo de todas las demás cosas. Sin embargo, no es así.
Sin el espejo no hubiese existido, no conociéramos nuestro propio rostro en una fotografía. Los niños hacen conciencia de su personalidad cuando se paran al espejo y se mueven y ven que son ellos que se están moviendo. Un gran artista de la pintura se hizo un autorretrato y debió hacerlo de nuevo al darse cuenta que tenía el lápiz en la mano izquierda, y él no era izquierdo.
Si usted coge un lápiz y se mira al espejo, verá que siempre se encuentra a la izquierda. Todos los objetos que un productor de televisión agarra mientras es televisado, se ve con la mano izquierda, aunque no sea izquierdo. De ahí, que nuestras percepciones son alucinaciones controladas, con las cuales vivimos felices para ahorrar energía, ya que nuestro cerebro no busca la verdad, sino sobrevivir.
