El daño que le hemos hecho los periodistas a la democracia
Lo que piensa el Director
La comunicación social se ha convertido en una empresa, lucrativa en pequeña y gran escala, para muchos.
Esa empresa ha creado un fenómeno que muchos llaman periodismo amarillista, periodismo complaciente y en las calles se le llama bocinaje.
La poca rentabilidad de la independencia periodística, ha sido la excusa que hemos usado para colocarnos al servicio de las peores causas y de muchos políticos – los talentos comunicacionales – para generar una realidad mediática inexistente.
Los mejores tiempos son las zafras electorales. En ellas los políticos procuran agenciarse el apoyo de comunicadores y de medios de comunicación para dos propósitos: emitir criterios complacientes con su causa y detractar a sus adversarios políticos.
Lamentablemente este accionar ha llevado a que el concepto y finalidad real de la comunicación social se haya perdido. De ahí que muchos inconsultos en la materia, entren a los medios, bajo la tesis de que el mero hecho de presentarse en radio o televisión garantiza producción económica en demasías.
Lo ideal es que la comunicación social sea financiada por las comunidades, bajo ciertos criterios del socialismo, en razón de que si prima el interés político no es comunicación social y se le da más importancia el interés privado, tampoco.
