El gobierno, el cambio y una propuesta fallida
Por Fernando Peña
Para que haya cambio verdadero, estructural tiene el presidente y el gobierno que aplicar una política de integración y la cooperación.
Desde el Poder, solo como un “chapulín colorado” nadie puede impulsar cambio en igualdad.
Y debe ser desde una propuesta de gobierno abierto.
Porque si no lo que parecía un símbolo de transformación y esperanza es posible que se convierta en una pesadilla.
Aquí hay una urgente necesidad de atender demandas históricas solicitadas durante décadas.
No es sólo proclamar desde la oposición, desde los gobiernos y el Poder un nuevo instrumento o el soporte de una filosofía distinta de cómo gobernar y de cuál es el rol que juegan el gobierno y los ciudadanos. NO. No es filosofar, no es vender utopía, es resultados en el día a día de la gente, de sus bolsillos, de su vida, en la gestión publica y sus resultados hacia los ciudadanos.
Sin lugar a equivoco podría decir que lo único novedoso del presidente Luis Abinader, es su manera de, en cierta medida, establecer un vínculo entre Estado y sociedad,
Aprovecha la tecnología para oír a los ciudadanos, cede a la presión de las redes y medios alternativos, es una manera de una comunicación fluida y una interacción de doble vía entre gobierno y ciudadanía.
Pero, si sus ministros y sus funcionarios abrieran esos canales de diálogo e interacción con los ciudadanos en cada municipio y provincia podría aprovechar su potencial contribución al proceso de su gestión de gobierno; y tener que ceder y retroceder en medidas gubernamentales.
Pero lo que existe es una crispación, una constante inadvertían hacia los que critican y observan situaciones negativa e incumplimiento en las comunidades.
Se da a nivel nacional y la provincia de Santiago es un ejemplo palpable de ello.
El Internet, los medios alternativos, tienen que entender el gobierno, los partidos y políticos, que ya es un nuevo instrumento o el soporte hacia una filosofía distinta acerca de cómo gobernar y de cuál es el rol que juegan el gobierno y los ciudadanos en la gestión pública y en sus resultados.
Esa es una gran debilidad del Gobierno. La gente observa con preocupación como el gobierno tiene que estar cambiando de posición y medidas constantemente, como falta de rumbo, como en un mar de improvisación e incapacidad.
Ninguna gestión pública, de gobierno se sostiene con tantos cambios.
Urge que el gobierno cambie de rumbo, de ministros, de actuaciones.
Porque si no terminaría siendo una propuesta fallida… llena de buenas intenciones, pero de resultados negativos
