El Hombre Mediocre: así puedo definir a un dueño de medios de la Provincia.
Por Daygorod Fabián Sánchez, El Autor es Educador y Analista Político
El Hombre Mediocre de los Medios no es capaz de hacer uso de su utopía para crear una idea.
El Hombre Mediocre de los Medios vuelve día tras día a la rutina, porque es sumiso a su propia mediocridad.
El Hombre Mediocre de los Medios es esclavo de sus prejuicios de inferioridad, cuyas acciones y motivos resultan de su envidia hacia el talento. Dice ser fuerte e independiente, pero en verdad es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social.
El Hombre Mediocre de los Medios en su existencia acomodaticia se convierte en un ser vil y receloso, cobarde. No es genio, ni héroe, ni santo.
El Hombre Mediocre de los Medios no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición, olvidando de que las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo.
Al mismo tiempo el Hombre Mediocre de los Medios entra en una lucha contra el idealista (yo) por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí.
El Hombre Mediocre de los Medios no posee personalidad, ni criterio propio, carece de proyecciones, es ausente de características, falto de autenticidad, sus sueños, méritos y aspiraciones son la copia que crea el aura de su envidia.
A ese hombre mediocre le aconsejaría que sea original, lector voraz, que cree su propia personalidad, para que no siga siendo esclavo de mis pocos éxitos y sufridor de sus fracasos.
A ese hombre mediocre le diría que duermo en paz sobre la almohada de mis ideas, concebidas bajo la lectura clara de las metas por cumplir y no sobre la consistencia de no saber quién es y que es al final del día.
