El Poder hereditario

Por Rafael Grullón

El hombre no tiene visión nocturna, por lo que se supone que en su etapa más primitiva vivió en las copas de los árboles hasta descubrir el fuego, que no solamente sirvió para revolucionar su forma alimenticia, sino también para alumbrarse.

Al igual como pasó en esos tiempos remotos en que vivía en la ausencia de luz, que es la oscuridad, y se inventó el fuego, su vida nocturna en sociedad comenzó al descubrir la energía eléctrica. Ese mismo hombre construyó su cerebro caminando unos 20 kilómetros diarios, ya que era un depredador, un nómada que tenía que moverse hacia delante día a día para alimentarse. Un día se detuvo, pasando de nómada a sedentario cuando aprendió a producir lo que consumía, cuando nació la agricultura.

Al comenzar a producir excedentes, además de crearse las condiciones para el surgimiento del lenguaje porque había que contabilizar lo producido, debió nombrar un administrador. Esa división del trabajo desembocó en el Estado, el administrador de los excedentes. Al ver lo bien que le iba, el administrador se dijo un día «Si a mí me va tan bien en esto, por qué no lo podrían disfrutar mis hijos». De ahí surgió el Estado hereditario.»

Cuando Daniel Ortega, que hoy vemos perseguir hasta apresar anoche a Cristina Chamorro que le disputa el poder, anunció que iba a poner como vicepresidente a su mujer, la otra mitad nuestra con la que estábamos viendo en ese momento la televisión, solamente atinó a decir: «Ese hombre si es bueno». Y todo esto viene a cuento para recordarnos lo que le decía el anciano escritor Jorge Luis Borges a su amante María Kodama: El Mundo ha cambiado, vivimos en las grandes civilizaciones, pero el hombre es el mismo desde los tiempos más remotos hasta nuestros días.