La importancia de un jefe de campaña y un equipo

Por Daygorod Fabián Sánchez, Educador y Analista Político
El candidato/a es solo la figura de la portada. Su concepción de ser el candidato/a evita que pueda usar el ojo zahorí en la visión política. Necesita gente fuera y dentro de la cancha para ver más allá de lo evidente.
Ahí estriba la importancia del Jefe de Campaña y del equipo político. Éstos son los que van a dirigir, diseñar y coordinar las actividades, estrategias y mensajes para conquistar al electorado.
El Jefe de Campaña debe ser igual o más conocido que el candidato, igual o más popular que el candidato, por eso para elegir el jefe de campaña se debe elegir no bien, sino muy bien.
Para ello lo mejor es no elegir amigos cercanos, ya que el lazo de amistad evita que al candidato le digan la verdad, muchas veces le disfrazan la verdad y el candidato se confía.
El candidato/a debe saber que su única función es ser candidato/a, no puede jugar todas las bases en el estadio político. El candidato/a no es Jefe de Campaña, si confunde esto hará todo y todo le saldrá mal y luego le echará la culpa a los demás de su fracaso.
El jefe de campaña no puede ser cualquier persona, debe ser alguien franco, directo, sincero, pero sobre todo confiable, que guarde secretos políticos.
Si el jefe de campaña, cosa que ya he visto muchas veces, es alguien sin personalidad, sin criterio propio, un hace mandados, que no sepa pensar por si mismo, entonces el verdadero jefe será el candidato/a y a su vez ambos construirán la derrota.
Una condición esencial del jefe de campaña es que debe tener experiencia previa, debe haber asesorado a alguien, con o sin éxito, para que sepa por donde andan las jugadas en el campo político.
El jefe de campaña debe ser de confianza, pero lo recomendable es que nunca sea un familiar, ya que la familia no ve al candidato ve el lazo de sangre antes que todo. En cierta ocasión presencié que un candidato tenía como jefe de campaña a su propio hijo. Los errores de ambos no podían ser señalados, ya que uno delataba al otro con quien señaló el error. Al final nadie decía nada y la derrota fue inminente.
El jefe de campaña debe ser mas calmado que el candidato, sin estridencia, para que cuando llegue la tormenta pueda llevar el barco (la candidatura) a puerto seguro.
