Leonel Fernández y los 7 pilares del desarrollo
Por Inocencio García Javier
Construyendo instituciones inclusivas versus instituciones extractivas.
La Fuerza del Pueblo, cuyo líder y candidato presidencial para las elecciones del próximo 5 de julio del cursante año es el ex presidente constitucional doctor Leonel Fernández, ha ofertado al electorado dominicano un programa de gobierno contentivo de siete pilares de desarrollo.
El hilo conductor que define y orienta el horizonte estratégico del programa “Siete pilares para una nueva ola de transformaciones en la República Dominicana”, es el rescate, fortalecimiento y ampliación de las ‘instituciones inclusivas’ para el desarrollo sostenible de la República Dominicana.
Un ejemplo de la história antigua atestigua de cómo ‘instituciones inclusivas’ devinieron en ‘instituciones extractivas’ es la de la Ciudad de Venecia. Pasó del modelo económico de la Commenda que consistió en la innovación de instituciones económicas participativas y que facilitó la movilidad social ascendente hacia el modelo económico-político de la Serrata, dominadas por las élites venecianas y sus familiares. De próspera ciudad, Venecia se convirtió en un museo, según los autores de ¿Por qué fracasan los países? Acemoglu y Robinson.
Son siete pilares íntimamente enlazados que definen un verdadero sistema de abordaje de la crisis de coyuntura -el covid-19- y las crisis estructurales que se han venido configurando desde hace décadas y a las que se tendrán que enfrentar, en distintos grados, los países de los cinco continentes en un contexto económico y financiero internacional volátil y de una creciente debilidad del sistema multilateral.
La presente coyuntura histórica sumamente compleja en el plano nacional e internacional, se caracteriza por lo que en el lenguaje de los organismos y expertos internacionales se denomina ‘cambios tectónicos’. Son muchos, variados y complejos, pero entre los de mayor incidencia están el cambio climático, el crecimiento poblacional, las migraciones y las tensiones de desplazamientos masivos de personas y la creciente desigualdad al interior de los países y entre regiones del planeta.
De alta relevancia de esos cambios por su carácter disruptivo de precedentes paradigmas tecnológicos, está la Cuarta Revolución Industrial (4RI) y sus efectos económicos, sociales y su potencial impacto en la geopolítica y la geoeconomía global. Se suma a éstos en la presente coyuntura, el bajo crecimiento de la economía internacional. Hay que resaltar que los mayores desafíos serán para los países en desarrollo y de baja institucionalidad.
Aunque ya muchos de esos cambios tectónicos ya se perfilaban hace ya casi un cuarto de siglo, los desafíos de esta próxima década son amplios y cualitativamente diferentes a los descritos por el ex presidente Leonel Fernández en su discuso de juramentación del 16 de agosto de 1996 y cuyo eje central programático fue el de la reforma y modernización del Estado.
Las dos transiciones
A finales del siglo XX dominicano ocurrieron dos transiciones significativas en términos de instauración de instituciones democráticas y del Estado de Derecho que sirvieron de puertas de entrada al siglo XXI: la transición democrática de 1978, encabezada por don Antonio Guzmán Fernández y la de la reforma y modernización del estado, encabezada por el doctor Leonel Fernández Reyna durante el período 1996-2000.
Ambas transiciones fueron saltos cualitativos importantes en los órdenes institucionales antes indicados, debido a que el país vivió -quizás única en nuestra región- la singularidad histórica del hecho que durante el siglo XX dos jefes de Estado, el dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina y el doctor Joaquín Balaguer gobernaron durante 53 años del señalado siglo.
Por sus características socio-históricas y políticas nacionales y un contexto internacional de la Guerra Fría, los regímenes encabezados por esos dos jefes de Estado estuvieron sustentados en ‘instituciones extractivas’, es decir, instituciones no democráticas, en el sentido tanto social, económico y político, independiente de sus aportes a una base infraestructura y de crecimiento económico que sirvió de soporte para la posterior ampliación de bienes y servicios.
Don Antonio Guzmán Fernández puso la primera piedra con el amplio proceso de democratización iniciado y el doctor Leonel Fernández protagonizó la ampliación y ruptura definitiva con la rigidez de las ‘instituciones extractivas’ no democráticas en el orden político, económico, social y judicial -que hasta el momento de su toma de posesión configuraban la fisonomía del Estado dominicano-. Sin esa visión transformadora la República Dominicana no hubiese podido sostener el crecimiento económico exhibido durante las últimas dos décadas.
La tercera transición 2020-2045
Tanto el programa de gobierno 2020 de los 7 pilares de La Fuerza del Pueblo (FP) como el propuesto por el ex presidente Fernández en 1996, constitutivo de cuatro grandes ejes de desarrollo, se caracterizan por profundas reformas cualititativas de la institucionalidad democrática, de la economía y las finanzas y la equidad social y de la implantación de la institucionalidad y sostenibilidad ambiental.
Hay en el programa 2020 dos significativas y estratégicas novedades que responden a los desafíos de la complejidad tectónica y movediza del siglo XXI y que definirán un salto cualitativo del modelo de producción de bienes y servicios como son el pilar no. 3 consistente en el avance hacia la implantación de un nuevo paradigma de capital intensivo, innovación y productividad, junto a los paradigmas productivos de ‘Economía Verde’-‘Economía Circular’-Economía Naranja’, contenidos en el pilar no. 7, relativo a la protección del medio ambiente y los recursos naturales.
Si se analizan los siete pilares desde una lectura cognitiva en espiral, los correspondientes a los números 1, 3 y 7 son soportes de los restantes 2, 4, 5 y 6. Para que haya vinculación sistémica tendrá que operar un fuerte golpe de timón en el rescate y fortalecimiento de las ‘instituciones inclusivas’ que marcó la transición de 1996, combinado con un fuerte y sostenido cambio del paradigma tecnológico en los diferentes sectores productivos.
República Dominicana, así como las demás islas del Caribe, forman parte de lo que Naciones Unidas ha clasificado como “Pequeños Estados Insulares en Desarrollo” (PEID), y una de cuyas características compartidas es su extrema vulnerabilidad a los efectos del cambio climático.
En consecuencia, la reingeniería y la potencialidad resiliente del modelo propuesto por el ex presidente Fernández, se plantea enfrentar la relación destructiva ‘crecimiento económico y explotación de recursos naturales’ que es uno de los principales soportes del crecimiento económico en América Latina y el Caribe, según estudios de CEPAL.
Es una visionaria respuesta programática en el inicio de la tercera década del siglo XXI en el trayecto al horizonte 2030 de la Agenda de Desarrollo Sostenible, asumida por 193 países el 15 de septiembre de 2015 y que representará para la República Dominicana la ‘tercera transición’ que podria abarcar el período 2020-2045.
El pacto político como puente del pacto social
Con el interregno de retroceso del gobierno del PRD 2000-2004, las ‘instituciones inclusivas’ que empezaron a desarrollarse a partir de 1996, fueron fuertemente debilitadas. El proceso de consolidación de esas instituciones democráticas reinició su recuperación y fortalecimiento con la nueva elección del doctor Leonel Fernández en el ańo 2004 y su repostulación 2008-2012.
El Pacto de Abril del año 2015, impuesto por la facción del Comité Político del PLD, acaudillado por el presidente Danilo Medina para asegurar la reforma constitucional con el único propósito de su repostulación para el período 2016-2020, constituyó en sí mismo un acto de retroceso de las ‘instituaciones inclusivas’. Ese acto de retroceso se ha extendido como virus hasta el presente, malogrando no solo al PLD sino dañando de manera ineludible el registro histórico de las gestiones de gobierno del presidente Danilo Medina Sánchez.
El modelo institucional y productivo que propone La Fuerza del Pueblo para empezar a ser implementado a partir del 16 de agosto de este año, requiere de un pacto de las fuerzas políticas del país, sin ningún tipo de exclusión como lo propuso el ex presidente Fernández en su discurso de 1996 y como propone ahora un Gobierno de Unidad Nacional.
El pacto político como un visionario cambio de ‘nuevo contrato social’, deberá construir la legitimidad política imprescindible que abra el camino seguro hacia un pacto social. Ambos deberán contribuir a una aplicación estricta de la constitución y las leyes nacionales y al fortalecimiento de la institucionalidad democrática en el país.
El modelo propuesto por La Fueza del Pueblo requiere de manera urgente concluir los postergados Pacto Eléctrico y Pacto Fiscal, así como también demandará una reforma significativa del sistema de partidos y de la cultura política dominicana.
El autor es Secretario de Relaciones Domínico-Haitianas de La Fuerza del Pueblo y ex Viceministro de Cooperación Internacional.
