Los dueños de los cargos públicos

REFLEXIONES EN EL CAMBIO #41

Por: José Francisco Peña Guaba
Todavía está fijo en la mente de la población que la empleomanía estatal es de las militancias partidarias.
En el imaginario popular está el convencimiento de que el 90% de los más de 1 millón 54 mil puestos públicos (634,500 del gobierno central; 268,000 de las instituciones descentralizadas y más 152 mil jubilados o pensionados), “pertenecen” a los militantes de los partidos de los gobiernos de turno. ¡Nada más falso que eso! La nómina pública de hoy se integra de manera muy heterogénea… y son los cuadros políticos los que hoy se llevan la peor parte a la hora de ser tomados en cuenta para una posición pública.
Por el cambio que ha existido en la nómina pública en los últimos años, sobre todo a partir de la creación del Ministerio de Administración Pública (MAP), institución que vela por los intereses de los servidores públicos, cada día es menor la incidencia de las dirigencias partidarias en la empleomanía del Estado, en la medida en que con los años transcurridos y de servicio, la misma se ha ido tecnificando y ganando derechos.
Si ya es difícil para un cuadro político obtener un empleo público, peor será para un militante o simpatizante. Esto es casi imposible lograrlo. Sin embargo, existe el marcado interés de que el pueblo piense que la nómina del sector público es “propiedad absoluta” de los partidos de los gobiernos de turno, a pesar de que, si algo se está viendo claro en la actual gestión del PRM, es que nada resulta más apartado de la realidad que esa percepción.
Las razones por la que hoy la composición de la nómina pública es tan variada son muy claras, relacionándose con 5 factores predominantes: primero, por la institucionalización del servicio público, que hace de la carrera civil y administrativa una realidad y que llevó a convertir en ministerio la institución que la rige; segundo, la tecnificación de los procesos en todas las áreas del Estado ha obligado a tener personal calificado para operar las instituciones gubernamentales; tercero, el incentivo que ha producido el aumento salarial de los cargos públicos frente a los del sector privado, que es obra principalmente de los gobiernos del PLD (y que ha motivado un desplazamiento importante de empleados de todo tipo de empresas hacia la nómina pública porque el gobierno paga, de nivel medio hacia arriba, el doble de salario que el sector privado), además de que hay que entender que dentro de ese sector hay empleados muy bien formados, que le son apetecibles para cualquier funcionario que quiera hacer una buena gestión al frente de la institución que le corresponda dirigir.
La cuarta razón es que en el gobierno se trabaja mucho menos, no se labora los fines de semana ni hay patronos como los de la burguesía nacional, que explotan a sus empleados, que les “sacan el jugo” hasta al último peso que les pagan a sus asalariados, lo que hace a muchos preferir el trabajo en el Estado.
Por último, en quinto lugar, el gobierno pensiona y jubila a sus servidores y tiene la ventaja de que no quiebra, por ende, el cobro salarial mensual es más estable en el Estado que en una empresa privada, donde cualquier vaivén de crisis la puede hacer cerrar.
¿Quiénes componen la nómina pública? Lo veremos a seguidas y, con ello, nos daremos cuenta inmediatamente de que nos es cierto que los políticos somos sus “únicos beneficiarios.” En este sentido, la nómina pública está compuesta por:
1-​Profesionales y técnicos, quienes son protegidos por poderosos sindicatos. Hoy no es posible cancelar a este tipo de empleados, porque debido a su conocimiento especializado y experiencia no son fácilmente sustituibles. Vale recalcar que el Estado cuenta con más de 25 mil médicos, entre generales, especialistas y odontólogos; que emplea más de 10…
[6:56 p. m., 21/4/2021] Fernando Peña NY: Es conocida la anécdota de Winston Churchill tomando un taxi para dar una entrevista en la BBC de Londres. Al descender, le pide al taxista que lo espere unos 10 minutos. El chofer, que no lo había reconocido, le contesta con entusiasmo: “No puedo esperar porque tengo que ir a casa a escuchar el discurso de Churchill por la radio”. Tras el momentáneo orgullo inicial, Churchill aplicó la prueba de fuego: le alcanzó, en silencio, un billete de 10 libras. Al ver la pequeña fortuna ofrecida, el taxista respondió: “…esperaré horas hasta que regrese, señor ¡y que Churchill se vaya al infierno!”.

El legendario primer ministro inglés reflexionaría así al recordar el episodio: «Los principios han sido modificados por el dinero. Las naciones se han vendido por el dinero. El honor se ha vendido por el dinero. Los hermanos se venden por dinero. ¡Las almas se venden por dinero!… ¿Quién le dio tanto poder al dinero e hizo de la gente sus esclavos?».