Por Daygorod Fabián Sánchez, Educador y Analista Político
Desde que se comienza a navegar en los mares de la política se debe estar preparado para la traición, el desencanto y la falacia.
Cada día la palabra empeñada vale menos y se tiene como buena política timar a quienes brindaron su esfuerzo y trabajo en favor de una candidatura.
Les recomiendo a los dirigentes, militantes y cuatros partidarios que cobren primero, ya que los oportunistas terminan llevándose el trabajo que ellos construyeron durante años.
Ahora, luego de un dilatado ejercicio opositor de dieciséis (16) años y diecisiete (17) para muchos, es común escuchar que quienes trabajaron no les toman el teléfono, les dicen que esperen, que su caso está siendo trabajado, que la cosa no es como se pensaba, etc…
Esas excusas son las típicas para no decirles la verdad: no los tomarán en cuenta para remunerar su trabajo político.
Eso genera un efecto psicológico tanto en el o la afectado/a como también en sus seguidores.
En el/la afectado/a porque pierde la confianza en la política del ayer, donde la palabra empeñada y los pactos verbales tenían una categoría inigualable.
En los seguidores porque comienzan a parpar la parte sucia de la política y a colocar como ejemplo de engaño a su líder, al cual no se le tomó en cuenta.
Esto a su vez promueve que la gente no crea ni en los partidos ni en los dirigentes.
Los que comienzan a ocupar un puesto público de cierta importancia, se transforman.
Se vuelven arrogantes, altaneros, cambian los teléfonos, hasta se llegan a mudar del sector donde residían.
Piensan que las elecciones nunca llegarán y que su posición es de características eternas.
El mejor consejo que les podría dar es que cumplan su palabra, con los dirigentes y con quienes hayan establecido pactos, porque lo que antes era ya no es.
