Por Santiago Rafael Caba Abreu
La provincia de Montecristi, especialmente la ciudad de San Fernando de Montecristi, sufre amargamente la pérdida de sus hijos a causa de la imprudencia en la conducción de las motocicletas.
En principio esos vehículos de motor de dos ruedas sirvieron de transporte, como alternativa para sustituir el transporte animal, es decir, burros, caballos y mulos, haciendo más rápido y eficaz los viajes de largas distancias y el traslado de pequeñas cargas a los centros urbanos desde la zona rural.
Sin embargo, al paso de los años, los motores dejaron de ser un vehículo rural y se convirtieron en un instrumento de uso generalizado, tanto para el transporte de mercancías como de pasajeros, así como para el paseo individual o colectivo. Por ello tenemos ahora el motoconcho, las passolas, los clubes de motoristas, los deliberis, etc…, y también los asaltantes motorizados, en fin, la motocicleta produjo un cambio social en la Republica Dominicana debido a que el transporte en vehículo de motor fue popularizado.
Ahora la moda es la competencia de carreras callejeras o el calibramiento (levantar y correr en la goma de atrás solamente), bajo los códigos del barrio, pero dónde participan gentes de todos los estratos sociales, ya sea organizando, apostando, piloteando o, de alguna forma, regenteando tan peligrosa actividad.
Los muertos por accidentes de motocicletas es el pan nuestro de cada día, las madres lloran sus hijos, y aunque las autoridades hacen esfuerzos por evitarlos, son burlados con pasmosa facilidad.
Nuestros jóvenes no escarmientan, no les valen ruegos, ni advertencias. Parecería que sus cabezas están llenas de excrementos u otras cosas extrañas que no les deja pensar.
Se han realizado muchos estudios buscando identificar alguna formula de persuasión, se han desarrollado muchos programas de educación preventiva, se han construido muchos esfuerzos policiales contra las carreras, pero nada ha solucionado el problema. Sigue siendo un dolor de cabeza y una tortura para los padres de familias.
Hoy las motocicletas se han convertido en el vehículo del terror, pues cuando no son usados para el asalto por parte de los delincuentes, se convierten en un peligro público por los que las calibran en la goma de atrás, o la utilizan para ocupar nuestras carreteras en competencias, cuyas modificaciones de sus maquinas generan velocidades increíbles.
La muerte es el principal activo de una carrera de motor y la familia paga con dolor la pérdida de sus hijos.
Recuperar la autoridad familiar, imponer reglas de conducta para el manejo de motocicletas y endurecer las sanciones a las transgresiones de las leyes de tránsito, deben ser parte de la solución a este flagelo que nos arropa.

Por El Municipalista

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