Los muchachos que hicieron la Revolución

Rafael Grullón
Aunque le hicimos una entrevista en el cuarto de un hotel del Malecón de Santo Domingo donde se hospedaba y tenemos su libro «Adiós Muchachos», esto no es como lo contó Sergio Ramírez, el vicepresidente de la Revolución Sandinista, ya que nuestro cerebro, como el de los demás mortales, vive tomando retazos de la vida para percibir el mundo.

El órgano que busca la verdad es el mayor especialista en mentir para ahorrar energía a la hora de hacer su trabajo, construyendo percepciones. El caso es que Sergio Ramírez engendró sus hijos temprano y con su sacrificada mujer partió a Alemania a vivir el sueño de escritor, y allá compraba Le Monde y desde las congeladas mañana «veía el Trópico», pero fue en un noticiero que se enteró que los muchachos sandinistas estaban avanzando en la práctica armados con la proclama de Sandino «Patria o muerte», convirtiéndose esta última, la muerte, en la gran recompensa de aquellos jóvenes cuyas mentes fueron conquistadas para «Tomar el cielo por asalto».

Al ver aquello desde el Viejo Mundo, donde era más fácil vivir su desarrollo que construirlo, Sergio Ramírez hizo maleta para no perderse una Revolución y sus hijos todavía con una mente en construcción se sumaron al padre y la madre se convirtió en la columna durante la travesía de lo que entonces no había otro término para explicarlo que no fuera el de la aventura a las que se habían sumado. Pero todo salió bien porque la familia completa llegó viva a la Toma del Poder junto al grupo de comandantes vitoreados, pero desconocidos ya que nunca hasta la fecha de expulsar a los Somoza fusil en manos habían salido sus rostros ni en los periódicos ni en la televisión.

Los muchachos se acomodaron en las propiedades de los Somoza y con la solidaridad de los líderes que gobernaban a Europa hasta los presidentes más avanzados de América Latina y la sombrilla de Fidel, comenzaron a cambiar el mundo con las decisiones del Comité de Los Doce, a través del Gobierno de los Cinco, arguyéndose desde las leyes del mercado hasta la idiosincrasia de un pueblo.

Cuando acorralados por Los Contra apoyados por Estados Unidos y un pueblo cansado de la guerra que no quería más Revolución, sino que lo dejen vivir en Paz, llamaron a elecciones y las perdieron de una misma de Los Chamorro que había apoyado la Revolución, ya que como le dijo un hombre de pueblo a la Dirección Nacional Sandinista en su seno no les faltó ni curas ni empresarios para llegar al Poder.

Cuando Sergio Ramírez vio que los muchachos protagonizaron La Piñata al salir del Poder, repartiéndose las propiedades del Estado, les dijo Adiós. Ellos volvieron al Poder, pero ya no eran muchachos, se habían convertido en conservadores que hoy persiguen en medio de una lucha electoral a sus propios compañeros de combate envejecidos también, pero que les queda algo de demócratas del sueño de los muchachos de la Revolución.