Los que se «auto perciben» presidenciables
Por Rafael Grullón
En labor periodística nos tocó cubrir el Congreso Nacional, donde solíamos ver en la mañana al encargado de protocolo bajar con todos los zapatos del presidente de la Cámara de Diputados a donde el limpiabotas frente al edificio.
No solamente se los llevaba, sino que lo esperaba. Los encargados de protocolo de algunas instituciones del Estado envejecen en el cargo, ya que fingen el mismo aprecio ante cada uno de los nuevos funcionarios. Al encargado de protocolo que envejeció en el consulado dominicano en Nueva York, Peña Gómez le preguntaba «cómo se hacía para flotar».
Y en una de la serie de Netflix, el presidente fue hospitalizado tras un atentado y tomó la rienda la vicepresidenta, y el asistente del mandatario en convalecencia ve que el financiero de las campañas ahora vivía en la oficina de la nueva encargada.
Le dijo “¿qué te pasa, que ahora te veo día y noche en la oficina de la vicepresidencia?, y el encargado le contestó: «Para mi él que estaba y el que está es el mismo» Nos contaba Rebeca Ortiz, quien fuera siendo muy joven secretario del presidente Balaguer, que las cartas, las felicitaciones y las dedicatorias tenían todos los años el mismo formato, solamente se le cambiaba el nombre para ponerle el funcionario de turno. Cuando un funcionario cumple años, en las celebraciones todo el mundo aplaude y se ríe, desconociendo el incumbente que el cerebro humano cuenta con las llamadas neuronas espejos, que se accionan y cuando alguien ríe, todo el mundo ríe, cuando alguien aplaude, todo el mundo aplaude.
El cuento es que de los cargos públicos tienden a salir los auto presidenciables, ya que los funcionarios se olvidan de que los reconocimientos son al cargo, no a quienes los ocupan.
