Meter dentro

Orlando Gil

 Observé como la política –ahora en campaña– metía dentro de la casa cualquier situación de la calle. Importando poco si pequeña o grande, si en el in­terior o en la capital.

Se vio el caso del Peregrino en Puerto Plata, sensación nacional de un minuto a otro, y que los bandos quisieron convertir en escenario fundamental de la batalla electoral, hasta que la prudencia aconsejó lo contrario.

Como se tienen ganas, y estas no se contie­nen, de lo más mínimo hacen del cuerpo una vaina, y se denuncian, acusan, y sobre todo insultan. El gobierno se fue alante, la circuns­tancia le favoreció, pero la oposición no qui­so quedarse atrás e iba a atacar con todos los hierros. Como si fuera canción, el Peregrino era un motivo. A uno de los estrategas (y al parecer son muchos y de escuelas diferentes) se le prendió un bombillo y advirtió la dimen­sión del problema, o lo impropio de convertir un asunto municipal en nacional.

Si empezó en Puerto Plata, en Puerto Plata se tenía que quedar, y si había que defenderse del gobierno y cambiar la narrativa, que lo hi­ciera el alcalde recién posesionado, o el sena­dor, pero no el partido y menos el candidato.

Así dejaron al Peregrino y a Puerto Plata de su tamaño.

Ahora se da igual con los incendios en los vertederos. No solo Duquesa, también Rafey, con el agravante de que el alcalde de Santiago presentó pelea sin averiguar mucho. Como si estuviera esperando al PRM en la bajadita.

La responsabilidad de Duquesa se repartió entre varios municipios y el Distrito Nacio­nal, y como era un negocio viejo y el gobier­no había asumido lo principal, cada partido carga un pedazo. En Santiago luce diferen­te, Abel Martínez disparó contra el PRM y el PRM va a replicar en justicia. Habrá que ver las razones de uno y otro, pues si la política es suficiente ¿a qué ir los tribunales?

Todavía no se conoce un caso en que la justicia remediara a la política.