Observaciones de la Campaña DFS 2020: autoproclamados ganadores de unas elecciones que aún no se realizan
El triunfalismo es la actitud exagerada de seguridad y de superioridad sobre los demás que manifiesta la persona que confía excesivamente en sus capacidades.
Igualmente se puede definir como un optimismo abultado.
La oposición política, especialmente el Partido Revolucionario Moderno (PRM), exhibe estas características, con la salvedad de que la historia no les ha servido de escuela receptora de lecciones.
En el año 2011 a poco menos de seis meses de las elecciones Hipólito Mejía y su cuadrilla tenían más de un 60% de intención de voto. Esto más que servir de motor para reforzar su proyecto, sirvió de propulsor de engreimientos, amenazas y poco trabajo electoral. El resultado es ya historia conocida.
Ahora sucede algo parecido, solo que a pesar de la división del PLD, el PRM no logra alcanzar el 50% más un voto que necesita para ganar en primera vuelta.
El PRM subestima al gobierno, pues piensan que se enfrentan a Gonzalo y Gonzalo no es el contrincante, es el aparato estatal, es Danilo Medina, es el inmenso caudal de recursos que emanan del manejo discreto del erario para mitigar la pandemia del COVID-19.
El principal partido de oposición olvida que los votos clientelares y de compromiso material están en el gobierno, pues en medio de la pandemia quien suple necesidades es quien obtiene el voto.
La clase media, que ahora puede definirse como una base social en favor del PRM, no acudirá a votar el día 5 de julio por temor al contagio.
La abstención, evidentemente favorece al oficialismo, la oposición se olvida de este detalle.
En las elecciones del 1994 solo un 18% no emitió el voto, pero en el 1998 un 28% no sufragó, en el año 2006 un 27%, en el 2010 un 29% y un 32% en el 2016.
Es notoria la curva de crecimiento de esa abstención. ¿Si acude menos gente a votar quien resulta beneficiado?
Daygorod Fabián Sánchez, Educador y Analista.
