ORLANDO DICE… ¡Qué reserva más reservada!
Decidido el procedimiento de primarias, era adecuado y hasta conveniente un 20% de reserva. El justo medio de los griegos. No conceder todo el poder a las bases y permitir cierto rejuego a la cúpula.
No era tanto un reconocimiento al dedo, sino un espacio de negociación. Los partidos pequeños existen para respaldar a los grandes, y los grandes no pueden vivir sin el apoyo de los pequeños.
Claro que nada es gratis y todo se compensa con posiciones o electivas o por designación. Una situación de todos conocida y aceptada de forma natural.
Esa viveza, parasitismo o concesión impiden que los chiquitos crezcan, se desarrollen y se establezcan con voluntad y decisión propias.
Si los llevan siempre cargados y biberón seguro ¿para qué dejar de ser niño? Un lastre que afecta el sistema y que ojalá la actual Junta Central Electoral entienda y no oficialice a nuevos pulgones de la política.
Hecho el trabajo de campo, ninguno califica, y no hacen todo el esfuerzo, pues confían en que sus derechos serán preservados.
Si no en la JCE, en alguna alta corte, en especial Tribunal Constitucional, donde existe jurisprudencia o precedente.
Pero hablaba del 20% de reserva, y era para referir un equívoco de circunstancia. La reserva de la reserva, la manera alevosa con que se maneja el asunto.
¿Cuál es el problema de revelar a los dirigentes o al partido en su conjunto los fines de la reserva, o los cargos o los lugares o nombres de los agraciados?
El caso viene a cuento porque en la última reunión del Directorio Presidencial, al suscitarse el tema, una mayoría mecánica cerró de golpe la puerta.
Héctor Rodríguez quiso saber más de la cuenta, indagar a profundidad, y tuvo que quedarse con las ganas. Al someter una moción esta fue derrotada de manera humillante.
Solo consiguió cuatro votos con el suyo y la ortodoxia que dirige Quique Antún se impuso. Los afrentosos no van al cielo me respondieron al extrañarme del trato.
Entre reformistas te veas, me dije a mí mismo.
