PACTO, RUPTURA Y ESTRATEGIAS
Un pacto no es más que un convenio entre dos o más partes o una resolución premeditada de una o más personas.
Hemos oído siempre que nuestros viejos sostenían esta expresión “palabra de galleros”, con la que establecían que un pacto no requería la firma en papeles para cerrar y garantizar un compromiso, pues sus palabras eran suficientes y bastaban para honrarlas con un pelo del bigote.
Esta concepción también lo establece el dogmatismo legal al consignarse que «las convenciones legalmente formadas tienen fuerza de ley entre las partes, no pueden ser revocadas más que por su mutuo consentimiento, deben llevarse a ejecución entre aquellos que la han formado de buena fe».
Dicho lo anterior, como fórmula para entender este breve razonamiento, nos encontramos con el más reciente indicio de ruptura o escisión en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) a causa del incumplimiento del pacto de alternabilidad suscrito por los cabecillas o líderes de las tendencias que se disputan la supremacía interna de esa organización política.
Recordamos que en el año 2015, para permitir la reelección del Presidente Danilo Medina, fue pactado un acuerdo de 15 puntos, suscrito por todos los miembros del Comité Político y ratificado por el Comité Central y la Asamblea Nacional de Delegados.
Este pacto produjo la reelección consecutiva y nunca jamás, mismo que las huestes reeleccionistas y el sector del Presidente Medina procuraron modificar mediante una nueva reforma, la que produjo un rechazo generalizado y cuyo principal abanderado lo fue el expresidente Leonel Fernández, quién, en su tarea opositora a dicha reforma, convocó a firmar un libro de rechazo y defensa de la Constitución Dominicana frente al Congreso Nacional.
Ya es historia los resultados de ese esfuerzo, sin embargo, el afán por no respetar lo pactado sigue en pié, y hoy otro punto del acuerdo, la alternabilidad en la dirección de la Cámara de Diputados, fue desconocido por el Danilismo.
Existen muchos razonamientos, cuestionamientos y justificaciones a la conducta asumida por las partes en conflicto hacia lo interno del PLD.
Es innegable que nunca hubo buena fe por parte de la tendencia Danilista en la ejecución y cumplimiento de lo pactado, y el hecho de que los Leonelistas se opusieran a la reforma, que permitiera una nueva reelección del Presidente, ha trancado el juego y produjo una justificación para desconocer la otra parte del acuerdo.
Radhames Camacho, un adlátere de Danilo Medina, continúa como presidente de la Cámara de Diputados, y Demóstenes Martínez, notable dirigente del equipo de Leonel Fernández, ha reconocido que existe una actitud hostil que demuestra la desunión de la familia Peledeista.
Se advierte pues, pura y simplemente, una ruptura inaplazable de la militancia del Partido Morado por la lucha a muerte que libran las dos tendencias que hemos señalado precedentemente, la cual puede materializarse una vez concluya el proceso de primarias para escoger sus candidatos.
También cabe la posibilidad, y no ha de descartarse, que se trate de un plan estratégico del gobierno para lograr un gran acuerdo político.
Esa maniobra puede que permita la postulación de las principales figuras del Danilismo para mantener el control de los organismos del partido, así como de los principales estamentos de los poderes públicos, para garantizar impunidades o para erigir un nuevo liderazgo en esa organización política.
El PRM, por su parte, en virtud de que su condición de fuerza opositora, con imposibilidad material de lograr tener éxito sí hubiese presentado una propuesta alterna para dirigir la Cámara de Diputados, optó por apoyar el candidato con notable mayoría.
De paso fortalece su unidad interna, evita una derrota y abona la discrepancia en el partido de gobierno, lo cual constituye una buena estrategia política que le permite continuar ejerciendo su labor en un ambiente de armonía interna, frente a un partido en el que se acrecientan cada día que pasa sus diferencias.
