Perfiles Psicológicos de Nuestros Políticos: Tito Bejaran
Por Daygorod Fabián Sánchez, Educador y Analista Político
Asistido de varios especialistas en la conducta humana, la psiquiatría y la psicología hemos decidido hacer una serie de artículos, evaluando desde el ángulo psicológico a nuestros políticos Montecristeños, y de esa forma ayudar a entender el porqué de sus acciones en ese campo.
Muchos de esos especialistas fueron mis maestros, por lo que al final voy a transcribir la descripción que dieron de mí, la cual debo decir que no es muy buena. Además nos fundamentaremos en un diplomado que efectuamos sobre Psicología del Desarrollo. Señalo además que no soy un líder político, pero debo añadir mi descripción.
Vamos a iniciar con Miguel Alejandro Bejaran y continuaremos con Heinz Vieluf Cabrera, Moreno Arias, Rosendy Polanco, Bernardo Aleman, Rafael Abel Lora, Aquiles (Invita) Rodríguez, Yorman Vásquez, Edi Rojas Guzmán, Santiago Caba, Diógenes de la Rosa y otros/as más que surgirán en el trayecto de los días, pero que por razones de espacio ahora no citaremos sus nombres.
A la conclusión que se llegó del señor Bejarán se resumió en una sola palabra: RESENTIDO.
Las personas rencorosas tienen una caja fuerte en su interior. En ella esconden el peso de un agravio, el dolor de un engaño, de una traición o incluso de un abandono u ofensa.
Esa caja está blindada por una razón evidente: no desean olvidar ni un matiz de lo sucedido. Así, a todo ese daño moral comprimido y a buen recaudo, se le añade esa tristeza que en un momento dado mutó en rabia y más tarde en odio.
Las constantes derrotas políticas sufridas por el Señor Bejaran, lo han convertido en ese personaje que no escatima oportunidad para lanzar la braza ardiendo del resentimiento, a pesar de que por sujetarla en su mano (figurativamente) se quema el mismo.
Asimismo, en todo ese tejido psicológico se le suele añadir un último componente: el del deseo de venganza. No en sentido directo o con componentes violentos.
Perdonar nos lleva al equilibrio emocional y al sendero de la paz, pero los resentimos son incapaces de perdonar, pues hasta la mínima ofensa para ellos es un mundo de ultrajes.
Su odio y resentimiento los lleva hasta hacerse daños ellos mismos, pues ya existe un daño neuronal que solo se elimina con el alivio del perdón. El acto de perdonar regula un gran número de estructuras neuronales, favorece la calma.
El orgullo es un caballo de batalla que todo lo invade, lo arrasa y lo transforma. Esta característica hace que este tipo de personas estén siempre a la defensiva, y que a la mínima se sientan heridos y altamente dolidos.
Pero al final habría que preguntarle al señor Bejarán ¿Cuál ha sido la ofensa que la han hecho para vivir resentido?
