Reforestación en la frontera: efectos

Por Pedro J. Taveras

Haití está tan destruido ambientalmente que solo le queda menos del 2 % de su masa boscosa, cifra crítica   que ofrecen algunos informes. Tal vez no sea tan poco su nivel de cobertura boscosa, aunque sí es innegable que es uno de los más bajos del mundo.

También hay quienes dicen que se ha producido una ligera recuperación de acuerdo a los análisis de imágenes satelitales, pero en este trabajo solo nos limitaremos a lo que nos toca la punta de nuestra nariz, lo que ven nuestros ojos y contactan nuestras manos.

Mediante las acciones de reforestación de República Dominicana en la frontera Dominico-haitiana se han logrado  efectos positivos que están impactando ambientalmente a la nación vecina, por ejemplo, la reforestación de muchas parcelas, que apenas le quedaba un poquito de suelo, como las de los campesinos del Capotillo haitiano y de otros que han plantado y han cuidado sus arbolitos a todo lo largo de la frontera, que además de reforestar sus tierras tienen su esperanza cifrada en obtener algún tipo de beneficio económico.

Hay muchos ejemplos de efectos positivos derivados de la reforestación llevada a cabo luego de la Declaración de Villa Anacaona en el lado haitiano. A pesar de no divisarse desde el lado dominicano, en la zona transfronteriza todo el mundo conoce esos árboles y la riqueza que representan para sus dueños, las personas que han estado al cuidado de esas pequeñas parcelas.

Lo que más impresiona a cualquier incrédulo de esos proyectos son los ejemplos de la reforestación en el Capotillo haitiano, realizada por las brigadas binacionales que iniciaron su trabajo en el 2009 producto de la Declaración de Villa Anacaona del año anterior.  En ese lugar se formó una brigada conformada por diez (10) personas , dirigida por una mujer conocida por los residentes en el lugar con el nombre de “Keketa”.

Durante varios años se plantaron en comunidades del Capotillo haitiano decenas de miles de árboles de diferentes especies, tales como pino y caobas criolla y hondureña,  que hoy se pueden observar con solo acercarse a la zona por cualquiera de los parajes contiguos a la raya fronteriza, que en este caso, es el río binacional “Vianá” el cual es afluente del río Masacre.

Los parches de pino se observan desde cualquier altura de la zona por su verde intenso. Según informantes del área más del 70% de las parcelas han sido cuidadas por sus dueños.  Selenia Mateo, quien de manera espontánea nos dijo tener 10,000 arbolitos de pino que están de aprovechamiento, aunque ella no lo ha hecho, nos comentó que hay muchos parceleros que tienen más arbolitos que ella y entre una y otra conversación se refirió a los proyectos de “Jamba”, “El Cojo” y “Boune”.

 

Con Selenia Mateo nos encontramos durante una visita al paraje Pueblo Nuevo del Capotillo dominicano, ella trabajaba en un pequeño vivero del lado haitiano, en “Frondoisis”. Dice que sus pinos están muy bonitos, de manera firme y orgullosa nos manifestó que cuando queramos ir podemos avisarle para ella llevarnos a su tierra, que es muy fresca, como queriendo recordar el sol abrasador que hace 10 años nos abatía con sus altas temperaturas y que en un momento nos obligó a darnos un chapuzón en el río Vianá con toda la ropa encima, sin importar que teníamos que continuar nuestro camino, porque se hacía tarde y había que ver otros trabajos.

Para entonces, los trabajadores haitianos (los mismos de la foto) defendían  los arbolitos de la sequía mediante el mojado artesanal, llevando el agua del Vianá, un río que nos indica que ahí termina República Dominicana y del otro lado comienza la República de Haití.

Hoy, diez años después, todo es distinto en las parcelas reforestadas en ambos lados. En nuestra última visita nos encontramos con decenas de especies de aves como el Chicuí, Barrancolí, las tórtolas y el “Julián chiví”, entendiendo y experimentando que la biodiversidad no tiene frontera política.