Si perdemos la paz social, perderemos todos
Los últimos eventos ocurridos en nuestro país, fruto de la suspensión de las elecciones Municipales, cosa nunca antes vista, han devenido en una serie de actos violentos donde el ojo del mundo se coloca sobre nosotros.
Lo abyecto de todo esto es la actitud parsimoniosa con que la Junta Central Electoral (JCE) ha asumido la dificultad de tipo institucional y democrática que nos agobia.
Estamos frente a un evento sin precedentes, que nos puede catapultar hacia el mismo destino de otras naciones como Venezuela, El Salvador, Chile y nuestro vecino Haití, donde el orden social es el desafío del día a día.
Las consecuencias de orden económico tendrán su impacto en el corto plazo, en función de las alertas que han emitido tanto los Estados Unidos como la Unión Europea.
Pero algo más preocupante es que se nos compare con Haití, donde aún no se han podido celebrar elecciones. Básicamente las manos que nos asechan y que desean una fusión de ambas naciones, ven en este escenario de caos y desorden su mejor oportunidad.
