Por Rafael Grullón
Si algún amigo abundante de sinceridad hemos tenido en el ejercicio del periodismo, ése fue él ido a destiempo Marino Arias Betancourt, quien al caerse prefería sufrir el golpe en la frente y no estropearse los dedos de las manos con los cuales golpeaba la vieja máquina Olivetti al escribir una noticia o un comentario.
Marino Arias Betancourt fue quien escribió el famoso editorial «Así no general”, en repudio a un atropello policial contra el entonces desconocido doctor Cruz Jiminián, quien a partir de ese comentario saltó a la opinión pública hasta la fecha.
Un día Pompón, heredero de Radio Comercial, envió a Marino Arias Betancourt, entonces jefe de Redacción del otrora Noti-Tiempo, a la oficina de Juan Bosch de la César Nicolás Penson a cobrar una deuda pendiente de la transmisión del cierre del mitin del PLD en la campaña de 1990.
Marinito o el Caballito, como le llamábamos sus contertulios, preparó en su cerebro un breve discurso para saludar a Juan Bosch, lo que para él constituía un acontecimiento histórico en su vida, a pesar de ser Peñagomista de por vida.
Pero sus palabras hacia Juan Bosch quedaron como la bala encasquillada en el revólver, ya que Mildred Guzmán, la secretaria de Juan Bosch, le pasó una funda con 30 mil pesos de recolectas partidarias con un recibo para que lo firmara. Cuando Marinito firmó, Mildred Guzmán volvió de regreso con el recibo y le dijo: «Que dice Don Juan que ponga su nombre completo, que él no entiende ese garabato.» Luego nos enteramos a través del periodista Persio Maldonado que Juan Bosch era el único político que tenía créditos, que le fiaban, en los medios de comunicación.
