Reacciones a las madrugadas
Por Rafael Grullón
Este escrito está enfermo de narcisismo, muy a pesar de que no nos expresamos en primera persona como los estadounidenses en sus libros, sino en plural como «los socialistas», en una representación ingenua de lo colectivo.
Cuando le llegan por su WhatsApp estos garabatos tipeados a un amigo nuestro adulto mayor, nos devuelve «Grullón, los hombres inteligentes y los locos no dormimos», atribuyéndose él la locura para no ofendernos, mientras que el joven ingeniero Lachapelle nos confesó que a la reunión de estos artículos en una futura publicación le tiene un título «Las Madrugadas de Grullón.
Al hacernos una corrección sobre la mención en un artículo de estos a Armando Almánzar, el más caro de la televisión, Carlos Batista, nos escribió que no se pierde esto, pero que se los envíe en horas laborables, a lo que le respondimos que la creatividad es enemiga de los ruidos, al punto que en medio de la Pandemia los animales por primera vez salieron de visita a las grandes urbes al silenciarse el ruido del hombre.
Tras el escrito de ayer, nos tiró por WhatsApp Iván Ruiz, cuyo intercambio puede ser objeto en el futuro de un escrito, mientras el hiperactivo José Laluz nos llamó debatiéndose en la interrogante si valía la pena escribir tanto en estos tiempos, ya que a su entender la gente no pasa de dos párrafos en la lectura.
Nos recordó a Juan Bosch, quien al dar una conferencia titulada «Periodismo y Literatura» en la UASD en el 1986, decía que el periodista no puede ser «Un gana pan» y que llega a trascender cuando penetra en la cotidianidad de la gente, entre las cuales está el sueño.
Los que están despiertos a la hora de estos escritos no es porque hayamos penetrado a su cotidianidad ni porque son inteligentes y están locos, sino porque «los viejos, no dormimos», como dice el amigo Miguel Ángel Rodríguez.
