Por Rafael Grullón
Cuando Juan Bosch nació la casa de su pueblo de dos alas eran tan altas como las de la época Colonial, donde el caballo podía entrar con el jinete encima. Total, los que nosotros tildamos de indios, los nativos, cuando vieron por primera vez el caballo creyeron que el animal y el español eran a misma cosa.

Juan Bosch se detuvo tanto a observar el hombre del campo y su idiosincrasia que plasmó el sentido del honor en una sola imagen cuando narra en uno de sus cuentos lo de aquel padre que cuando en su bohío acorralado por los guardias del caudillo de la época le piden en que entregue al hijo que se había alzado en rebeldía, contestó: «Yo entrego a mi hijo si nos fusilan a los dos juntos». Pero Don Juan no solamente pudo conceptualizar la vida del campo que narra en todos sus cuentos, sino también las de las ciudades, ya que fue desde animador de circo hasta asesor de presidentes, pasando por visitador a médico y reparador de baterías.

De ahí que, al cumplir un Centenario de la Guerra Restauradora, dijo en su discurso en Santiago que el sentimiento nacional es un enigma, ya que los africanos aman tanto a sus montañas como los norteamericanos sus rascacielos.

Cuando siendo presidente en el 1963, lo militares golpistas fueron a exigirle que reprimiera a los comunistas, les contestó que él no podía ser demócrata para unos y dictador para otros, ya que al que se gobierna con democracia terminaría en solidaridad que aquel que se le aplica la dictadura. La democracia es como la mujer, no puede estar medio embarazada, sino embarazada completa.

A 112 años de su natalicio, este miércoles, 30 de junio de 1909, recordamos a Juan Bosch con una de sus expresiones memorables: El hombre no debe valorarse por lo que tiene, sino por lo que hace».

Por El Municipalista

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