La utopía proletaria o el sueño que no se cumplió

Por Rafael Grullón

Al celebrarse hoy el Primero de Mayo, Día Mundial del Trabajo, no estaría de más mencionar al hombre que proclamó la Utopía Proletaria, Carlos Marx, de quien, frente a su tumba al pronunciar su panegírico, Federico Engels dijo nadie había escrito más del dinero que su amigo careciendo del mismo.

Pero fue Juan Bosch quien nos explicó de forma simple para qué sirve el dinero, al describirnos la metáfora de que si encerramos a un hombre con montón de dinero en un cuarto y a otro con comida y ´»candela» para cocinarla, al abrir las puertas a los 30 días encontraremos al de la comida “gordo y colorao» y al del dinero hecho un cadáver.

Para Carlos Marx el salario en dinero que en el capitalismo se le pagaba al trabajador era tan miserable que no tenía nada que perder, sino ganar en su proclamada Revolución Proletaria. Y lanzó al mundo la profecía de que, a un determinado desarrollo de las fuerzas productivas, las máquinas y el capital, chocarían con las relaciones de producción, basada en la explotación del trabajador, y se produciría el fin del sistema capitalista.

Pero eso no ocurrió y Carlos Marx, como nos dice el amigo Emiliano Pérez Espinosa, terminó siendo el mejor aliado del capitalismo, ya que, al describir sus males, los capitalistas vieron la necesidad de reinventar el sistema. El capitalismo no desapareció, sino que se desarrolló y los trabajadores cambiaron significativamente sus formas de vida, no por el salario, sino porque los productos del capitalismo, desde el agua embotellada hasta la navaja de afeitar han higienizado su vida. Por eso Juan Bosch escribió que el sistema que más le ha dado a la humanidad ha sido el capitalismo, pero que lo que se debe mejorar siempre en la forma de distribución de la riqueza.