Ponle la hache (H) para ver si te la despachan

Por Rafael Grullón

Perdimos la preferencia por la carne de vaca y de cenar en la noche durante la experiencia de cubrir periodísticamente la última campaña de Juan Bosch en 1994.

Contrario a los candidatos de estos tiempos, Juan Bosch en sus recorridos por la geografía nacional no dormía en hoteles, sino en casas de familias, ya que en cada provincia le sobraban los amigos de confianza. Cuando pernoctaba en una de las residencias, los «cocinaos eran grandes», ya que sus acompañantes constituíamos una trulla de hambrientos y sedientos tras el trajín de los largos caminos.

Un día nos comenzó a doler la espalda por el exceso de ingerir carnes y perdimos el gusto de cenar, ya que en cada provincia se hacía una cena pro recaudación de fondos para la causa, pero al servirse la cena Don Juan se excusaba de que no iba a acompañarnos, a causa de que la cena era dañina porque en la noche el cerebro necesita sangre para dormir y el estómago para hacer la digestión, lo que provocaba los infartos del corazón en las madrugadas.

Pero la experiencia del oficio de escribir fue la más importante, ya que al llevarles las notas de prensa nos la corregía letra por letra, como los correctores de pruebas de los periódicos de papel, ahora en extinción por la virtualidad.

Estilo que vimos repetir en Fidel Castro, quien en una visita a la casa de Juan Bosch en su primera visita al país vimos cómo corregía un documento de prensa de una declaración que en ese momento el Gobierno cubano tenía que mandar al mundo. Los que escribimos precisamos de los correctores de pruebas y estilo, ya que el escritor no puede corregirse así mismo, debido a que en su cerebro ve perfecto lo que escribe, a pesar de los errores impresos en el papel o la pantalla.

Hay que agradecer el celo de los lectores por el idioma y tomar solo como un chiste la anécdota del gran comerciante que le pasó una orden de compra a su empleado para que vaya a retirar unos sacos de harina y el subalterno le corrigió que había escrito harina si la hache (H), y el patrón le contestó: «Ponle la hache (H) para ver si te la despachan